sábado, 2 de diciembre de 2017

"Se acerca el invierno"

Sierra de Castril (Jaén)
Por fin llegó el frío y parece que esta vez sí, para quedarse. Pero esta circunstancia, por lo demás largamente esperada, lejos de disuadirnos de salir al campo, supone un aliciente más para hacer lo que más nos gusta, patear el monte. Tan solo hay que tomar algunas precauciones. Equipados adecuadamente, es muy posible que en nuestras salidas campestres pasemos incluso menos frío del que a diario soportamos en nuestras idas y venidas por las zonas urbanas.
Vamos a daros unos consejos que no por archiconocidos para la mayoría resultan menos útiles de cara a protegernos de los rigores del invierno. La cosa va de la denominada "teoría de las tres capas" (lo de "teoría", no sabemos a cuento de qué viene, la verdad).


Almenaras (Sierra de Alcaraz)
La idea es muy sencilla: el sistema idóneo para combatir el frío es usar un conjunto de tres capas de ropa para abrigarnos. El aire que se acumula entre estas capas se calienta a causa de la temperatura que desprende nuestro cuerpo y constituye la mejor protección contra el frío exterior. Está demostrado que varias capas superpuestas abrigan más que una sola más gruesa.
Por otro lado, ir vestidos con tres capas nos permitirá quitarnos o ponernos ropa en función de las condiciones ambientales, regulando así nuestra temperatura de una forma óptima.
Veamos de qué tres capas estamos hablando.

Primera capa.
Es la prenda situada directamente en contato con nuestra piel y tiene por objeto mantenernos secos y calentitos. Por ello, debe ser agradable al tacto, cálida y, muy importante, hidrofóbica (que apenas absorba humedad) y transpirable, para hacer posible la evacuación del sudor que inevitablemente producirá nuestro cuerpo con el ejercicio físico. También es interesante, aunque no imprescindible, que estas prendas sean algo elásticas.
Nos referimos a camisetas fabricadas, bien con materiales sintéticos más o menos sofisticados, bien con tejidos naturales como la lana merina (todo un clásico). Nunca serán de algodón, pues éste aborbe muy fácilmente la humedad y tarda mucho en secarse, por lo que a buen seguro nos hará coger un trancazo de campeonato, como mínimo.
Esto en cuanto al cuerpo. En las piernas, salvo condiciones realmente extremas, no es necesario tanto abrigo, puesto que el trabajo que vamos a realizar implica fundamentalmente al tren inferior. Con un buen pantalón técnico que sea abrigado y que repela la humedad, debería bastar. Si acaso, unas mallas debajo, si el tiempo es horripilante. Otra cosa es la necesidad de un sobrepantalón de agua, si el día está lluvioso.

Segunda capa.
Ahora de lo que se trata es de obtener un buen aislamiento térmico que nos permita retener nuestro propio calor corporal. Estamos hablando, por ejemplo, de forros polares 100% poliéster, de mayor o menor grosor, según las circunstancias.
También están los softshell, algo menos ligeros y algo más voluminosos, pero que se comportan mejor ante la humedad y el viento.
En numerosas ocasiones es más que probable que la actividad la realicemos abrigados únicamente con una de estas prendas, forro o softshell, si bien siempre será imperativo llevar en la mochila la tercera capa que a continuación vamos a describir.

Tercera capa.
Besiberri (Pirineo catalán)
Por fin, la capa más exterior, la que nos tiene que proteger definitivamente de los agentes meteorólogicos adversos: frío, lluvia, nieve, viento... Debe tratarse, por tanto, de prendas tipo cazadora o abrigo que sean impermeables a la vez que transpirables; que sean cortavientos, y que sean cálidas. También es importante que estén fabricadas con tejidos elásticos y resistentes a la abrasión.
Las más técnicas están confeccionadas en materiales especiales como Gore-Tex, Sympatex, Novadry, etc; tejidos nada baratos, pero desde luego muy prácticos y aconsejables por su excelente comportamiento y durabilidad.
Naturalmente, hay otras opciones, como los plumas, mucho más ligeros y cálidos, pero también bastante caros y menos resistentes a posibles desgarrones, además de no ser aptos para la lluvia. Todo dependerá del entorno y condiciones en que se desarrolle la actividad.

Un equipamiento de estas caracterísiticas puede resultar más o menos caro, según nos pongamos de estupendos. Se trata, no obstante, de una  inversión para varios años, a poco que la cuidemos. Pero, en cualquier caso, nosotros no recomendamos empezar de buenas a primeras comprándonos lo más de lo más, así de entrada. Probemos primero a ver si esto de andar por el monte con un tiempo de mil demonios nos gusta o por el contrario acabamos pensando que qué necesidad hay, que como en la casa de uno... Si nos gusta, si el cuerpo nos va pidiendo cada vez más marcha, entonces sí será el momento de rascarnos el bolsillo y realizar un cierto desembolso a la medida de nuestras posibilidades. Porque será entonces y no antes cuando verdaderamente saquemos partido a un equipamiento más técnico y de mayor calidad.